
Me llamo Elsa María Fríes, soy miembro de Brahma Kumaris desde 1998 y siempre he apreciado sus enseñanzas como muy prácticas para mi vida cotidiana, pero creo que son mucho más relevantes en momentos difíciles de la vida cuando hay que superar pruebas por las que uno no quiere pasar.
El 15 de diciembre de 2002 falleció repentinamente mi hermano Eduardo, y en esa ocasión tuve la mejor experiencia de la compañía y el sostenimiento de Dios; aquí la historia:
El sábado 14 de diciembre, Eduardo nos invitó a mamá y a mí a ver la decoración navideña del apartamento donde vivía con Aurorita, su segunda esposa; fue una tarde de reunión amorosa y gentil, de compartir comida típica Bogotana de los tiempos de navidad y, en medio de eso, recordando a Dios, sentí una poderosa energía de amor, perdón y aceptación que borraba las malas vibraciones de los frecuentes enfrentamientos que teníamos con Eduardo por nuestros estilos opuestos de ver y actuar en la vida.
El domingo 15 de diciembre Eduardo llamó a mamá y en la tarde la llevó a ver decoración navideña por algunos sectores de la ciudad, al final del día la llevó a mi apartamento donde residíamos las dos.
En horas de la noche hubo una llamada, era mi cuñada informando que mi hermano había fallecido esa noche, en un instante la vida nos cambió abruptamente; inmediatamente con mamá y mi hermano Julio nos dirigimos al apartamento de Eduardo, allí encontramos a Aurorita deshecha en llanto y acompañada por su hermano Jorge, nos compartieron que Eduardo tuvo un vómito de sangre, ellos llamaron ambulancia, pero cuando la asistencia medica llegó él fallecía; luego supimos que era un aneurisma.
Se procedió a llamar a Medicina Legal para que vinieran a hacer el correspondiente levantamiento de cadáver, mi cuñada Liliana reunió toda la información de historia clínica de Eduardo, pues un tiempo atrás había tenido un episodio similar, y la tuvo lista para los médicos forenses.
Mientras mi madre lloraba con mi hermano Julio, nos fuimos reuniendo más y más miembros de la familia, mi hermana Carmen Alicia, también miembro de Brahma Kumaris, llegó pronto, también llegó Nora, la primera esposa de Eduardo, con sus hijos, Diego y Santiago, con quienes pudimos hacer una oración entregando a Eduardo a Dios Padre, los chiquillos adolescentes, fueron el centro de las preocupaciones de todos, por ello hablé con la esposa y la exesposa de Eduardo y les propuse que yo haría todas las decisiones necesarias en la situación, a nombre de mis sobrinos y sin consultarle a ninguna de ellas, esto fue aceptado con comodidad de todos.
Cuando llegó el grupo de trabajo de Medicina Legal, seis horas después de nuestra llamada, lo primero que me preguntaron fue que qué palanca tenía yo para que ellos hubieran llegado tan pronto, pues la demora normal era de 12 a 15 horas, mi respuesta: mi palanca es Dios pues no tengo a nadie más en quien apalancarme. Así la comunicación permanente con Dios, mía y de mi hermana nos dejaba ver el inicio de un día de cooperación de Dios en todo lo que necesitábamos.
Mientras yo acompañe al perito que hacía el levantamiento del cadáver, mi hermana acompañó al médico legista que hacía el diagnóstico, quien observó que en la sala estaba la familia paterna de Eduardo, madre, hermanos y cuñados; las familias de Eduardo, su primera esposa e hijos acompañados por el padre de ella, hermanos y cuñados; la segunda esposa acompañada de su hermano, y analizó que todos estaban en tristeza pero con serenidad y armonía, y que los antecedentes de historia clínica le permitían definir la causa de la muerte sin solicitar autopsia, y sin hacer pasar a mamá por el dolor de ese evento. En esto también sentimos el efecto de estar recordando a Dios en todos los momentos de nuestras vidas para sentir su cooperación en el logro de cosas que deseamos para el bienestar de todos.
En la mañana del lunes 16 de diciembre la relación con Dios se sintió con una energía fuerte que nos daba paz y gran fortaleza para hacer todo lo que había que hacer, así que fuimos con Carmen Alicia al servicio funerario a solicitar la cremación del cuerpo por cuanto esa era la voluntad que mi hermano le había expresado a mamá, allí nos señalaron que no siempre se puede hacer cuando las personas han fallecido accidentalmente en sus residencias, pues puede haber reclamaciones legales posteriormente, sin embargo, quedaron de consultarlo a las autoridades competentes y al rato nos dieron la noticia de que había sido autorizado, otra vez la cooperación de Dios se dejaba ver a través del apoyo positivo de todas las personas con quienes tuvimos que contactar.
En el transcurrir del día hubo una velación con mucho acompañamiento de amigos de Eduardo y amigos de todos los familiares y al final del día se realizaron los ritos de la Iglesia Católica para despedirlo, recibimos mucho amor de muchas personas y Eduardo tomó su camino trascendente rodeado del amor de Dios y de todos.
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